viernes, 26 de abril de 2019

En los límites de la utopía



Revista GS magazine nº 1






Serie "En los límites de la utopía", por Eduardo Ruigómez




Ver la página 138 de la revista















jueves, 25 de abril de 2019

María Pita vengó a la Invencible

María Pita vengó a la Invencible
Un congreso desvela el pacto “patriótico” inglés para tapar un desastre naval mayor que el de la Gran Armada

 Trabajos de recuperación del galeón 'San Giacomo di Galizia', hundido frente a las costas de Ribadeo (Lugo) CHRISTIN HAEMAGI DE MARITIME ARCHAEOLOGY LTD.VICENTE G. OLAYA

Cartagena 24 ABR 2019

Apenas quedaban hombres con vida en aquella localidad costera de 4.000 habitantes. Así que María Mayor Fernández de la Cámara y Pita agarró el arma de un soldado muerto en combate y se lanzó desesperada contra el único alférez inglés que había conseguido sobrepasar los muros de A Coruña. Lo atravesó y despeñó su cuerpo junto a la escala por la que había ascendido. Era el 14 de mayo de 1589 y la escena que protagonizó María Pita forma parte de una historia prácticamente desconocida en España y en el Reino Unido: el desastre de la gigantesca armada (mayor que la Invencible) que la reina Isabel de Inglaterra envió a España tras el fracaso de Felipe II de invadir Inglaterra. Hasta ahora se creía que Pita había defendido su ciudad solo de los piratas. Un pacto "patriótico" entre el corsario Francis Drake y el comandante de la reina inglesa, John Norris, mantuvo oculta esta historia 450 años. “De los 27.667 hombres que formaban la flota inglesa de 180 naves, solo volvieron a reclamar su paga 3.722”, explica el historiador Luis Gorrochategui, autor del libro Contra Armada y ponente del I Congreso Internacional La Armada Española de 1588 y la Contra Armada Inglesa de 1589, que se celebra desde el martes en Cartagena (Murcia) y ha sido organizado por el Ministerio de Cultura y Deporte.


                        
                     El mayor mapa del tesoro de la historia


Juan Luis Sobrino Pérez-Crespo, almirante de Acción Marítima, cree que los españoles han terminado aceptando la leyenda negra, pero sostiene que ya es tiempo de “sacar a luz la verdad”, que empezó poco tiempo después de que Felipe II diese por fallida su empresa de invasión. El grueso de los barcos españoles sobrevivió al desastre y se refugiaron en Santander para ser reparados. Este momento de debilidad lo aprovechó la reina inglesa para enviar su flota, la Contra Armada. Al frente de la fuerza naval colocó a Drake y comandando el ejército, al reputado militar John Norris.

El plan, a grandes rasgos, consistía en atacar los galeones españoles fondeados para su reparación en Santander, saquear la ciudad, dirigirse a continuación hacia Lisboa, provocar la sublevación contra España, tomar una isla de las Azores para esperar la llegada de naves cargadas de oro de América y, posteriormente, invadir Brasil. Pero si algo podía salir mal desde el principio, esta vez ocurrió.

'María Pita cargando contra los ingleses ' de Arturo Fernández Pita (1889). PATRIMONIO ARTÍSTICO MUNICIPAL DE A CORUÑA

El plan, a grandes rasgos, consistía en atacar los galeones españoles fondeados para su reparación en Santander, saquear la ciudad, dirigirse a continuación hacia Lisboa, provocar la sublevación contra España, tomar una isla de las Azores para esperar la llegada de naves cargadas de oro de América y, posteriormente, invadir Brasil. Pero si algo podía salir mal desde el principio, esta vez ocurrió.

El 28 de abril de 1589, 180 barcos y 27.667 hombres —la Gran Armada española estaba compuesta por 137 barcos y 25.696 hombres— zarparon de Plymouth hacia Santander. Pero los ingleses sabían que el puerto castellano no era tan débil y Drake tomó una decisión intermedia: atacaría la desguarnecida A Coruña, con muralla medieval, un castillo en el islote de San Antón
y con apenas 500 soldados.                            

Espada de lazo atribuida a la Armada Invencible hallada en el puerto de A Coruña. Miguel Susan Claudio.    


Los ingleses fondearon frente a la ciudad. El 5 de mayo, 1.500 soldados tomaron la playa de La Marina, atacando por la espalda a los defensores. Los asediados se replegaron tras los viejos muros de la parte alta y los invasores comenzaron a excavar un túnel con la intención de volar la muralla. El gobernador militar, el marqués de Cerralbo, ordenó entonces a las mujeres que reforzaran el tramo minado. Se produjo una tremenda explosión, pero los gases no encontraron salida y buscaron escapatoria por la boca de entrada, donde se hallaban las tropas inglesas. La masacre fue absoluta, más de 300 muertos.

Pero no quedaban hombres para la defensa. Las mujeres se encaramaron entonces a los muros y lanzaron piedras que reventaban los cráneos de los soldados. La lucha era a muerte. La flota inglesa decidió retirarse, pero volver a embarcar podría ser mortal. En el puente de O Burgo, a unos tres kilómetros de A Coruña, los españoles abatían a los ingleses que intentaban cruzarlo, hasta que lo mejor del ejército de la reina Isabel hizo huir a los defensores españoles a los montes y aldeas. Los ingleses habían perdido más de 1.500 hombres y contaban miles de heridos.

Vueltos a sus barcos, pusieron rumbo a Lisboa, donde unos 5.000 soldados españoles profesionales los esperaban. El 31 de mayo realizaron una gran encamisada —una acción de comando nocturna que ocasionó centenares de bajas inglesas— y, el 3 de junio, el virrey de Portugal aplastó el regimiento del coronel Brett, que murió en batalla. Al día siguiente, Norris intentó huir, pero fue descubierto y perdió dos banderas.

Posteriormente, el adelantado de Castilla, Martín Padilla, con galeras y brulotes —barcos incendiarios— remató a la flota de Drake en cabo Espichel, donde hundió entre cinco y siete barcos. Norris, a su vuelta, estuvo a punto de llegar a las manos con Drake y lanzó un llamamiento al patriotismo: la misión sería ocultada para siempre.

Se decidió escribir panfletos exculpatorios que, junto a la leyenda de la Armada Invencible, que distribuyo William Cecil (1520-1598), barón de Burghley, mano derecha de Isabel I, y se ocultará la derrota. “Felipe II, en cambio, apenas hizo nada. Para él era una acción más, olvidando el desastre de los otros y aceptando una falsa leyenda. Las banderas que Norris perdió en combate han sido restauradas y lucen en la catedral de Sigüenza. Si Drake hubiese ganado, hoy no se hablaría español en América”, concluye Gorrochategui, que deja entrever una sonrisa en mitad del congreso ante la seriedad de los historiadores británicos que no dicen nada.


GALEONES FRENTE A LAS COSTAS GALLEGAS

Pecio de cañón hallado en cabo Finisterre. Miguel San Claudio

Miguel San Claudio, arqueologo de las universidades de Lisboa y Texas, calcula que el número de naves históricas que guardan las costas gallegas se acerca a las 1.700. Las condiciones meteorológicas de esta parte del litoral –con fuertes vientos del noreste- hacía muy difícil la navegación a vela cuando se intentaba poner rumbo norte y muchos barcos se hundían.

Las consecuencias de estas condiciones permanecen en el fondo marino, pero suponen un verdadero tesoro científico para los expertos. A pocas millas de las costas, e incluso muy próximos a ella, descansan los pecios de cientos de galeones, urcas, galeras, fragatas... Como el de un galeón inglés de Drake, aún no identificado en las islas Cíes, en un saliente llamado Punta de Cañón. Los descubrimientos se repiten en Bares, Cariño, A Coruña –donde se hundió el galeón Regazona, cuyos cañones recuperados sirvieron para defender la ciudad de la Contra Armada-, Vigo, Camariñas…

“Es nuestra historia”, cuenta, al tiempo que se queja de la falta de especialistas y de una política decidida para extraer los yacimientos subacuáticos. “Le dices a los políticos que has encontrado los restos de una expedición y te responden que si llevan allí 500 años, no pasa nada porque sigan un poco más, que ahora no hay dinero”, y tuerce el gesto al recordarlo.


jueves, 28 de marzo de 2019

Max Frisch

Max Rudolf Frisch (Zúrich15 de mayo de 1911 - ibid., 4 de abril de 1991) fue un arquitecto y escritor suizo en lengua alemana dedicado especialmente al teatro y la novela. Está considerado uno de los máximos representantes de la literatura en alemán posterior a la Segunda Guerra Mundial. Fue miembro del GRUPPE OLTEN.

La obra de Frisch presta especial atención a los asuntos relacionados con problemas humanos, tales como la identidad, la individualidad, la responsabilidad y el compromiso político y moral.1​ Para tratar tales temas, Frisch empleó frecuentemente la ironía.



NO SOY STILLER 
Narra la vida de un hombre que se acreditó ante los aduaneros al llegar a Suiza como el americano Jim Larkin White. Este es puesto en prisión preventiva por las autoridades porque se le toma por el ciudadano suizo desaparecido Anatol Ludwig Stiller, contra quien hay instruido un sumario por espionaje. Pero estos detalles externos son anecdóticos respecto a la propia historia. Ésta narra la controversia interna de Stiller consigo mismo, con el individuo que es y con el que quería ser. Stiller había huido de su pasado y de sus fracasos, había querido construirse una nueva identidad, por eso podía decir de sí mismo ante las autoridades que (ya) no era Stiller. En la prisión empieza a escribir anotaciones sobre su vida, siguiendo el consejo de su abogado defensor, para clarificar su identidad. Esta primera parte de la novela, “Anotaciones de Stiller en la cárcel”, es la más voluminosa. La segunda, un “Epílogo del narrador” narra la evolución de Stiller tras el veredicto. Stiller había aceptado finalmente el veredicto de ser Stiller, y para el resto de acusaciones había quedado probada su inocencia. La fase posterior al veredicto es una repetición narrada de la vida anterior de Stiller. Finaliza con Stiller que sigue siendo el mismo personaje, con todos sus defectos y frustraciones. Este ha aceptado su identidad histórica, la historia de su vida de la que quería huir. Pero la acepta obligado por el resultado de la investigación. Y en el momento en que abandona la personalidad de White, en que acepta la de Stiller, enmudece como ser humano, se resigna a ser continuada por un narrador, la tercera persona sustituye a la primera. La obra empieza con una afirmación “No soy Stiller”; y concluye narrativamente con “Stiller permaneció en Glion y vivió solo”.​

HOMO FABER
Es una novela cuyo tema principal es la superación de una identidad falsa. Su protagonista, el ingeniero Walter Faber, es fiel seguidor de una visión matemática y racional de la realidad, sustentada en el cálculo de probabilidades, ve cómo la casualidad irrumpe en su vida cuando se enamora y entabla una relación en un viaje por Europa con la joven Sabeth. Gracias a ella, Faber conoce la importancia de lo irracional. Antes de morir de cáncer, Faber supera su anterior visión del mundo y encuentra su auténtico yo.​

DIGAMOS QUE ME LLAMO GANTENBEIN
Trata sobre un hombre que se despide antes de la hora de una reunión social nocturna; al poco es encontrado muerto en su coche. Probablemente ha sido víctima de un ataque cardíaco. Su historia no la conoce nadie. Queda solo la posibilidad de imaginarla. Su tema es de nuevo la búsqueda de la identidad, que es resuelta con un juego de probar roles, de ensayar historias y biografías que ya no pretenden resolver la problemática relación entre individuo y mundo, entre realidad y sentimiento de ella.​

LA CARTILLA MILITAR
Lleva el nombre de la tarjeta de identidad de los miembros del ejército suizo. En ella somete sus experiencias durante el servicio activo a una evaluación crítica y es una reinterpretación del tiempo que Frisch había descrito una vez en las páginas de su Diario: La bolsa de pan, publicado en 1940. Frisch tomó una postura patriótica, abogando por la defensa armada, que tenía como tema especial la cooperación entre Suiza y la Alemania nazi, la actitud pronazi de ciertos círculos, los mecanismos de la jerarquía del ejército y de los males económicos y sociales de Suiza. Con el libro Frisch se posicionó como un crítico del ejército. En su obra posterior retomó el mismo tema de una Suiza sin ejército. 

MONTAUK
Montauk es una historia que tiene una posición excepcional en el trabajo de Frisch. Mientras que las historias ficticias le sirvieron a Frisch para explorar el posible comportamiento de sus protagonistas, en Montauk cuenta una experiencia auténtica: el fin de semana que pasó con una joven en Montauk, en la costa este de Estados Unidos. La historia de amor a corto plazo es utilizada por Frisch como una retrospectiva de su propia biografía. De acuerdo con Philip Roth, su "vida como hombre" se relaciona con las mujeres con las que estaba asociado, y el fracaso de sus relaciones. Reflexiones adicionales se aplican a la edad del autor y su muerte cercana y la influencia mutua de la vida y el trabajo. Además, la historia trata de la aparición de Montauk: en contraste con su trabajo anterior, Frisch describe su decisión de documentar la experiencia directa de este fin de semana sin agregar nada. 
Montauk se encontró con una recepción fuertemente polarizada. Los admiradores de Frisch enfrentados a las descripciones abiertas de su pasado, fueron engañados. Algunos lectores se avergonzaron por la autoexposición de Frisch. Otros críticos aclamaron la historia como su obra más importante y alabaron el logro de hacer una obra maestra literaria de su propia vida. Marcel Reich-Ranicki adoptó a Montauk en su Canon de literatura alemana. 

EL HOMBRE APARECE EN EL HOLOCENO
Es una novela corta originalmente publicada en alemán en 1979 y en inglés en The New Yorker el 19 de mayo de 1980.7​ Una característica distintiva del estilo de este libro es el uso de recortes reimpresos que el protagonista, el Sr. Geiser, elimina de varias enciclopedias, la Biblia y otros libros. Contiene algunos elementos autobiográficos: Frisch en el momento de la escritura tiene aproximadamente la misma edad que el protagonista, el Sr. Geiser, y Frisch también tenía una casa en el cantón del Tesino donde se trascurre la historia.

BARBA AZUL
Es una novela corta originalmente publicada en alemán en 1979 y en inglés en The New Yorker el 19 de mayo de 1980.7​ Una característica distintiva del estilo de este libro es el uso de recortes reimpresos que el protagonista, el Sr. Geiser, elimina de varias enciclopedias, la Biblia y otros libros. Contiene algunos elementos autobiográficos: Frisch en el momento de la escritura tiene aproximadamente la misma edad que el protagonista, el Sr. Geiser, y Frisch también tenía una casa en el cantón del Tesino donde se trascurre la historia.

Cuenta la historia de un médico acusado de asesinar a su ex esposa. Fue la última novela de Frisch. Hans Mayer de Die Zeit llamó a Barba Azul: "Una bella historia nueva, que con Montauk y Holoceno redondea claramente un tríptico épico.9​ Reinhard Baumgart de Der Spiegel la describió como "muy taciturno, sí, un libro tranquilo", y escribió que "En parte, la historia habla realmente el lenguaje vergonzoso, sugestivo y casi desnudo de los sueños, de la represión de un sueño muy brillante y a veces demasiado débilmente iluminado.

sábado, 2 de marzo de 2019




Aurelia García, la gallega que emigró y vivió con Ringo Starr. La historia de Aurelia García es de musical.


Guillermo Alonso
20 DE JUNIO DE 2012 · 15:56

Todo comenzó hace unos siete u ocho años aproximadamente. Aurelia García fue a cortarse el pelo en un local de en una aldea lucense llamada Ferreira do Valadouro de la que en Liverpool nadie ha oído hablar. La mujer, de sesenta y pico años por aquel entonces, estaba en la peluquería del pueblo cuando Ringo Starr apareció en televisión. "Con ese trabajé yo", musitó, y la peluquera, tal vez sin dejar de cortar y frunciendo el ceño, se limitó a responder: "¿Está usted bien, Aurelia?".

Su desconfianza tenía sentido: Aurelia y su familia llevaban casi toda la vida en el pueblo y allí, donde todo se sabe, nadie tenía noticia de que una lugareña se había codeado con uno de eso cuatro tipos que se habían autoproclamado más famosos que Jesucristo. Pero sí: en respuesta a la pregunta de la peluquera, Aurelia estaba bien. Había trabajado con uno de los Beatles, pero en palabras de Aurelia no lo contó por dos cosas. En primer lugar, porque para ella había sido un jefe más al que no le había dado demasiada importancia –ni siquiera era muy fan de la música de los Beatles–; y en segundo lugar, haciendo gala de un gran sentido común, porque pensó que nadie la creería jamás.

Aurelia García en la casa de Ringo Starr

Pero unos días después apareció con pruebas: una imagen de ellas, con algunas décadas menos, posando ante la limusina del Beatle. La peluquera tenía una prima, Sabela, y esta prima tenía una amiga, Milena Martínez(Orense, 1987) , que estudiaba por aquel entonces Comunicación Audiovisual y buscaba un tema para hacer un corto documental. Sabela y Milena pensaron que aquella historia era perfecta para contar una historia de emigración en búsqueda de una vida mejor, pero con un giro espectacular. Milena apareció en casa de Aurelia junto a algunos compañeros para grabarla hablando de sus aventuras siendo la criada de una de las mayores estrellas de la música.

"El planteamiento inicial era más ambicioso", recuerda Milena, que figura como escritora y directora de 'Aurelia'."Se frustraron varias cosas, por ejemplo contactar con el propio Ringo". Por frustrar, se acabó frustrando el propio corto: en 2006 Milena y el resto de compañeros implicados en la grabación acabaron la carrera y los brutos de aquel corto se quedaron olvidados en el disco duro de algún ordenador. Años después, tras irse a vivir a Madrid, Milena comenzó a trabajar en la productora '14 Pies', propiedad también de gallegos, y recordó aquella historia, ideal para hacer un corto y presentarlo a las ayudas y subvenciones (ah, ¿las recuerdan?) de la Comunidad de Madrid.

Pero surgió un problema: cuando recuperaron las imágenes existentes de aquel corto nunca montado se dieron cuenta de que su inexperiencia de entonces sobresalía por los cuatro costados. "El material no tenía calidad suficiente", recuerda Milena, "y además, en nuestro afán por hacer un corto muy moderno, aparecíamos nosotros en plano. Mis compañeros de la productora me decían: '¿Pero qué hace ahí ese tipo de pelo largo?"

© PRODUCTORA ’14 PIES’

"Decidimos que si queríamos hacer el documental teníamos que volver a conseguir declaraciones de Aurelia. Pero ella seguía viviendo en su aldea, y cuando llamaba al único número de teléfono que guardaba de su casa, no me lo cogía nadie". Tras un mes sin resultados, Milena decidió cogerse un autobús y partir hacia Ferreira do Valadouro como quien va a buscar el Santo Grial. Y un sábado por la tarde, cuando se plantó en su puerta sin ni siquiera saber si Aurelia seguiría viviendo allí, ella misma le abrió la puerta.

"Al principio ni se acordaba de quién era yo. Luego le expliqué que éramos aquellos chiquillos que habíamos ido a darle la brasa unos cuantos años antes para que nos hablara de Ringo Starr". Aurelia, que había tenido algunos achaques de los que ya estaba recuperada, no entendió que tuviese que volver a contar lo mismo que había contado ya años antes.Además, como la memoria ya le jugaba alguna que otra mala pasada por cosa de la edad, temía confundirse y contar algo que no había ocurrido exactamente así. La solución del equipo fue muy sencilla: como ellos ya tenían todas las declaraciones que necesitaban de Aurelia registradas en un material que no podían usar, ellos mismos la corregirían si se equivocaba en algo.

De modo que 'Aurelia' es un corto en el que su protagonista cuenta una historia por segunda vez."Pero nos daba igual que diera unos detalles muy concretos o no. Lo que nos gustaba era el cariño que aún mostraba al hablar de Ringo, la mella que hizo él en una señora que ahora se dedicaba, sencillamente, a hacer su vida en el pueblo".

Consiguieron incluso que, para darles puntos en la tarea de conseguir la subvención, Aurelia escribiese una carta dirigida a Ringo en cuyo encabezamiento, con la temblorosa letra de una señora que sobrepasaba los setenta, rezaba así: "Dear Ringo".

La historia será conocida por todo aquel que haya topado con este corto en los más de treinta festivales de todo el mundo en el que ha sido mostrado, en nueve de los cuales consiguió algún galardón, desde Benicassim a Houston. Pero para los que aún no la hayan visto, aquí está: Aurelia, en los años 70, emigró a Escocia para trabajar de asistenta del hogar con una familia rica y recaló luego en Londres,donde una agencia de colocación la envió a una casa "de una gente muy rica", según sus propias palabras. La casa era de Ringo Starr. Pero hay mucho más en esta historia que no se vio en el corto.

Él ya era entonces una estrella musical. De hecho, la llegada de Aurelia coincide con la última época de los Beatles. La relación ya no es la misma entre los miembros, lo cual queda patente en el hecho de que John Lennon ya vive con Yoko Ono en Nueva York y nunca pone un pie en la casa (ella lo describe como "el que se fue para las Américas") . Aurelia, que no se perdía una, no entendía muy bien el inglés todavía pero sí entendía que "no hablaban demasiado bien de una japonesa".

Aurelia también vive el fin de la relación de Ringo con su primera esposa, Maureen, y sus inicios con Barbara, su segunda (y actual) esposa. Cuando Barbara, que trabajaba en la productora de Ringo, apareció un día con unos zapatos para él, Aurelia frunció el ceño y supo que algo ocurría entre los dos.

Un día Aurelia observó como Maureen, antes del divorcio, desechaba unas telas para cambiarlas por otras. Ni corta ni perezosa le pidió que se las regalase y con las telas de las paredes que los Starr pensaban tirar se cosió un vestido que aún colgaba hasta hace poco de su armario. Durante un verano que Aurelia pasó de vacaciones en su Galicia natal, otra española la sustituyó. No duró mucho: la echaron por pasarse el día entero metida en el estudio, donde Ringo había dado orden expresa de que solo se entrase durante el tiempo necesario para limpiar.

Pero tal vez lo mejor de toda esta historia es el destino que corrió el regalo de despedida que Ringo le dio, antes de que se volviese a Galicia con el suficiente dinero ahorrado para construirse una casa y educar a su hija, que estaba a punto de nacer. Ringo le dio uno de los trajes que llevaba puestos en los conciertos de los Beatles–a modo de pista, se pueden encontrar en Internet chaquetas de Ringo cuyo precio de partida para subasta es de 30.000 euros–. "Para que lo use tu marido", le dijo Ringo. Cuando el marido de Aurelia vio el traje decidió que no se iba a poner aquello: ¿un traje de rayas con pantalones acampanados? No es lo que uno se pondría para ir a misa en Ferreira do Valadouro, desde luego.

Aurelia decidió guardar aquel traje durante años en su armario hasta que un día su hija volvió a casa diciendo que quería ir a la comparsa de carnaval del colegio vestida de pirata. Aurelia desempolvó el traje de Ringo Starr, lo recortó, lo pasó por la máquina y creó un apañado disfraz de pirata para la niña.

© PRODUCTORA ’14 PIES’

Cuando regresó, tras jugar al fútbol con sus compañeros y parar goles en el barro, el traje estaba inservible. Aurelia lo tiró a la basura.

La hija de Aurelia no ganó la comparsa con su disfraz de pirata. "¿Pero cómo es posible?", preguntó ella. "¡Si llevas un traje de Ringo Starr!".

© PRODUCTORA ’14 PIES’

domingo, 20 de enero de 2019

El legado de Europa

                            


Unas citas de Montaigne en relación con el libro 
de Stefan Zweig, editado por ACANTILADO y 
traducido por Claudio Gancho


A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.

Mil rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él.

Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje.

La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo.

La prueba más clara de la sabiduría es una alegría continua.

No existe el presente: Lo que así llamamos no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado.

La curiosidad de conocer las cosas ha sido entregada a los hombres como un castigo.

Cuando me llevan la contraria, despiertan mi atención, no mi cólera; me ofrezco a quien me contradice, que me instruye. La causa de la verdad debería ser la causa común de uno y otro.

El ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu es, a mi juicio, la conversación. Encuentro su práctica más dulce que cualquier otra actividad de nuestra vida.

Quien se conoce, conoce también a los demás, porque todo hombre lleva la forma entera de la condición humana.

lunes, 24 de diciembre de 2018

El otro lado de Mary Poppins

El estreno de la película ‘El regreso de Mary Poppins’invita a releer los inquietantes libros originales de P. L. Travers, preñados del misticismo y el humor de su excéntrica autora



MaryPoppins, en una ilustración original de Mary Sheppard.



Mary Poppins no es Julie Andrews. Da miedo. Es flaca, circunspecta, tiene los pies grandes y se cree mucho más bonita de lo que realmente es. Lanza miradas “fulminantes”, “feroces”, capaces de “bucear en lo más profundo de las personas y ver lo que [están] pensando”. Tiene retranca, pero sonríe poco y enigmáticamente; bufar y resoplar hastiada, eso lo hace sin parar. Le gusta tener la última palabra: una versión más o menos burlona de “ay, cállate”. Y es prima segunda, por parte de madre, de la cobra real, “el ser más sabio y terrible de todos nosotros”, según el oso pardo.


Todo esto, y todo lo contrario, es la Mary Poppins que urdió Pamela Lyndon Travers (Maryborough, Australia, 1899-1996)en ocho libros, publicados a lo largo de seis décadas, entre mediados de los años treinta y finales de los ochenta (los dos primeros reeditados este año por Alianza). Travers fue también una mujer de contrastes: esotérica, testaruda, bisexual, guasona, depresiva y fabulosa. La lectura de sus libros, con o sin niños de por medio, es un hallazgo inquietante para las generaciones que crecimos con la versión de Disney de 1964, una película “prácticamente perfecta en todo” que Travers denostó muchas veces en público. Los estudios Disney estrenan ahora la secuela cinematográfica, El regreso de Mary Poppins. Tan predecible como la rima de sus engoladas canciones (estupor con fulgor), el nuevo filme se podría resumir con un poppinesco“¡pamplinas!” (“nonsense!”). Sin embargo, la enésima reencarnación de la institutriz era inevitable; porque ella está hecha del material de los mitos, que vuelven, distintos, cuando cambia el viento.

Musa, bruja, diosa
“Mary Poppins es una mezcla de musa griega y hada celta”, afirma la estudiosa María Tausiet

Como J.M. Barrie o Lewis Carroll hicieran con Peter Pan y Alicia, P.L. Travers tejió un arquetipo atado a su tiempo que sin embargo uno siente que siempre estuvo ahí porque… siempre lo estuvo. “Parece una mujer ligera, incluso frívola, sin embargo, encarna una gran cantidad de mitos clásicos y fuentes folclórico-religiosas”, explica María Tausiet, especialista en historia cultural, creencias, religión y brujería que publica estos días el primer ensayo en castellano que explora las raíces mitológicas del personaje: Mary Poppins Magia, leyenda, mito(ABADA). El libro recorre de forma amena y erudita mil y una referencias, y es una aproximación perfecta para ir más allá sin atragantarse. Poppins (cuyo nombre sugiere una aparición, “she pops in”, señala Tausiet) ha sido comparada con una bruja, un hada madrina, la diosa hinduista Kali y hasta la virgen María. Para Tausiet es una musa: “No es un ángel ni un demonio, una santa o una bruja, ni mucho menos un fantasma. Si a algo podría asemejarse sería a una musa griega, por su carácter inspirador, o a un hada de la tradición celta, por la labor mentora que ejerce con los niños a su cuidado”, explica en su libro.



                      
Portada de 'Mary Poppins, magia, leyenda, mito'.


El ensayo “conecta” (el verbo que usaba Traverspara explicar que ella no se inventaba nada) pasajes del libro con sus fuentes. Así, la bolsa de la que la institutriz saca una butaca o una cama plegable, remite a los relatos viajeros de Julio Verne y Stevenson, pero también a las alfombras voladoras y al principio taoísta de “lo vacío está lleno”. La cinta métrica y el termómetro con el que evalúa a los niños (y que devuelven resultados como “malhumorado y nervioso” o “completamente mimada”) no son solo una ocurrencia genial: desde tiempos de Plinio el Viejo, y hasta la frenología, el “diagnóstico simbólico” ha medido para intentar curar todo tipo de enfermedades y embrujos. Lo más admirable de Travers, opina Tausiet, es su “capacidad para conectar el mito y la experiencia personal”. “Entender los mitos (leyendas, cuentos, textos poéticos o religiosos) reconociéndolos en uno mismo, aporta sentido tanto a la vida como a la literatura”.

En Poppins conviven el unheimliche(lo familiar extraño) freudiano y las reliquias cristianas, las leyendas medievales, Blake, Wordsworth, la filosofía Zen y todos los astros celestes. Por supuesto, es fácil tirar del hilo de casi cualquier narración –el Olimpo pulpde lo superhéroes, el yogui que vive dentro de cada Jedi–, pero en los libros de Travers estos ecos suenan atronadores porque ella era una entregada a la causa. Le obsesionaba lo inefable. Se codeaba con W.B. Yeats, George William Russell (el poeta Æ) era su mentor y frecuentaba los círculos teosóficos. Vivió dos veranos con los indios Navajo y estudió con un maestro Zen en Japón. Escribió incansablemente sobre religiones, filosofía oriental y tradición folclórica, sobre todo en la revista Parábola,que ayudó a fundar (su libro What the bee knows,1989, recoge muchos de estos ensayos). Fue seguidora del gurú armenio Gurdjieff (como el arquitecto Frank Lloyd Wrighto la actriz Kathryn Mansfield) de cuya presencia escribió:“Las máscaras se arrancaban sin piedad. Bajo la rigurosa benevolencia de su mirada, todos estaban desnudos”. Igual que cuando te miran “los ojos azules que parecen escrutarlo todo” de la institutriz.

Travers nunca se vio como una creadora, sino como un ave que incuba, dentro de una ancestral genealogía de narradores. Contaba que Mary Poppins se le apareció durante una enfermedad poco antes de escribir el libro. Le dijo “apunta”, y ella se limitó a hacerlo. No era cierto, más de diez años antes ya había escrito para un periódico australiano varios cuentos que aparecen en los libros, incluso uno en el que una institutriz llamada Mary Poppins pasa una velada dentro del cuadro de un artista callejero. Manejaba tan bien el mito, que creó uno para recontar su propia vida.



La gallina que incubaba Travers, la autora, fue mujer de contrastes: 
esotérica, bisexual, guasona, depresiva y fabulosa

                   
Pamela Lyndon Travers, alrededor de 1924. BRIDGEMAN / ACI


P.L. Travers no es Emma Thompson. La actriz británica la interpretó (como una fastidiosa solterona) en el biopicAl encuentro de Mr. Banks(2013)que narra la espinosa relación que mantuvieron durante décadas la autora y Walt Disney sobre la versión cinematográfica. El filme está basado, como casi todo lo que trata sobre Travers, en la extenuantemente minuciosa biografía publicada por la periodista australiana Valerie Lawson, Mary Poppins, she wrote(1999 y 2005, no traducida al castellano). Sus 400 páginas recorren 96 años de máscaras: Travers, siempre enigmática en lo personal (hosca si el entrevistador la presionaba), fabuló una y otra vez su vida. Sin embargo, contradictoria hasta el final, a los 90 años, vendió su archivo personal, perfectamente catalogado, a una biblioteca australiana para que cualquiera pudiese consultarlo.

Se llamaba Helen Lyndon Goff y no era británica, como le dijo muchas veces a medios y amigos. Era la hija de un emigrante londinense, Travers Goff, un humilde empleado en un banco de la Australia rural; no de un irlandés que llevaba una plantación de azúcar, como le gustaba contar y como acabó escribiendo The New York Timesen su obituario. El elemento definitorio de su infancia fue la muerte de su adorado padre, alcoholizado, cuando ella tenía siete años. De su niñez australiana sacó el anhelo por haber tenido otra (como tanto autores infantiles) y multitud de detalles: del paraguas con forma de loro de una criada, al “un, dos” (“spit, spot”) de la tía autoritaria y responsable que salvó a su madre viuda y a sus dos hermanas de la indigencia. En cuanto pudo, se marchó a Irlanda para ser poeta y conocer a los ídolos literarios que su padre que le recitaba de niña.

“Era enigmática, temperamental, leal, cariñosa, inspiradora, complicada y algunas veces exasperante”, cuenta por mail el escritor británico Brian Sibley, que fue su amigo durante años y con quien trabajó en una secuela cinematográfica que nunca se llegó a rodar por problemas de producción y casting; incluida la idea loquísima de que Michael Jackson interpretase al hermano del deshollinador (Dick Van Dyke). “Al contrario de lo que se cree, no le disgustaba tanto la película original como se cuenta”, dice Sibley, “era importante para ella defender la integridad de su personaje, pero también era una pragmática, sabía muy bien que Walt Disney había ayudado a alargar la vida de sus libros y apreciaba las ganancias que le reportó el filme” (hasta ese momento, el más exitoso del estudio).

                         
Portada de 'Mary Poppins' (Alianza)

Libre y en constante búsqueda espiritual, pero también hipocondriaca y con episodios depresivos. ¿Feminista? Ella estaba en otra onda, pero hizo de una institutriz indomable que nunca se justificaba ni pedía permiso, un personaje inmortal. Travers vivió durante una década con otra mujer y perdió la cabeza por el hermoso y mujeriego poeta Francis MacNamara. Cuando a los 40 decidió, en contra del consejo de todo el que la conocía, adoptar un niño sola, separó a dos gemelos, eligiendo cuál quedarse tras consultar con un astrólogo californiano. El gemelo que adoptó, Camillus –nieto del biógrafo de Yeats, Joe Hones-, creció pensando que su padre había muerto en los trópicos. El gemelo que se quedó en la granja de sus abuelos (con el resto de la prole que sus bohemios padres les habían encasquetado), decidió plantarse a los 17 años ante su hermano. Aquello no acabó bien. Camillus, ya adulto, aparece en varios documentales recriminando a su madre dos infancias destrozadas (que llevaron a dos vidas marcadas por el resentimiento y el alcohol). “Aquí tengo un trocito de Irlanda que puedo ver crecer en una maceta”, dice cínicamente sobre porqué le adoptó su madre. En otra ocasión rompe a llorar recordándo cuánto se querían y pide una copa a cámara.

Ya anciana, Travers desveló un episodio que para ella contestaba a la eterna pregunta: ¿de dónde vino Mary Poppins? Una noche su madre se fue de casa diciendo que iba a tirarse al río. Con 11 años, ella era la mayor. Sentó a sus hermanas frente al fuego y envueltas las tres en un edredón, les contó un cuento sobre un caballito blanco. Pasadas las horas, la madre finalmente regresó, empapada, pero viva. La hija había encontrado su voz narradora.

                      
Cartel de 'El regreso de Mary Poppins'

Un chamán doméstico

Mary Poppins desde luego no es Emily Blunt. La secuela El regreso de Mary Poppinsimagina a la institutriz volviendo a la calle del Cerezo cuando los niños son mayores. Los estudios Disney ya se la propusieron a Travers en los ochenta. Ella la rechazó, explica el escritor Brian Sibley, diciendo que solo sabía de Mary Poppins lo que aparecía en sus libros (otra contradicción: se jactaba de haberlos querido firmar Anónimo, pero era controladora al extremo de su obra). Aunque la premisa de la secuela no está mal (resuena a Peter Pan volviendo cuando Wendy es madre para llevarse a su hija a Nunca Jamás), todo lo demás falla. Disney usa el viejo truco de Disney, matar a la madre, para darle profundidad al asunto y la magia se emplea en último término como solución a un desahucio, que es como si en otro camino de Iluminación –alicatado de baldosas amarillas– Dorothy hubiese usado los chapines para ponerle un piso a Tía Em en Kansas. La Mary Poppins de Travers es mágica sin duda, pero no como un anuncio navideño, sino como los mitos que expresan el misterio, siniestro y luminoso, del mundo. Sus aventuras provocan asombro y desazón.

La secuela una ocasión perdida, porque la Mary Poppins original tiene mucho que decir aquí y ahora. Sus incursiones con los niños al Otro Lado se suceden sin más trama que la cotidianidad en la destartalada casa del Londres de entreguerras de los Banks y son un canto al aquelarre carnavalesco que subvierte y libera. Visitan a un extraño pariente que el segundo lunes del mes vive patas arriba para ganar perspectiva, a una anciana pastelera que les da de comer las puntas de sus dedos o un zoo donde los humanos están enjaulados y los animales hablan… Otras veces bailan con los astros para ser uno con el cosmos.

Es un alivio en la era de la hiperpaternidad que la niñera haga 
todo lo que tú haces mal sin inmutarse

Poppins es el chamán que abre la puerta de la percepción y guía por “la Grieta” –ofreciendo seguridad, pero sin dar explicaciones, faltaría más– y, cuando es necesario, les saca del mal viaje que ella misma ha provocado. A los dos minutos de conocerlos, en cuanto la señora Banks no está mirando, les da un misterioso jarabe que a todos les sabe a lo que más les gusta. Michael no quiere tomarse la medicina, pero comprende que es “imposible mirar a Mary Poppins y desobedecerla”: “Había en ella algo extraño y asombroso, algo que daba miedo y, a la vez, resultaba la mar de emocionante”. Con el tiempo, el niño se vuelve un auténtico devoto y acaba gritándole a su madre “¡Mary Poppins es la única persona en este mundo a la que quiero!”. Al final del segundo libro Mary Poppins se marcha a lomos de un tiovivo que gira como un derviche hacia el universo (imposible no ver a Gurdjieff y las danzas sagradas flotando por ahí). Varios personajes se despiden de ella, no sin antes preguntarle si no estará pensando subir también a los niños al tiovivo astral. “Solo darán un par de vueltas”, les contesta ella remilgada. Pero al lector le queda la duda de si se los va a llevar o no. La ves capaz.

             
Portada de 'Vuelve Mary Poppins'


Sin embargo, por muchas referencias místicas, la magia (y la gracia) de esta gurú de botines abrillantados y coqueto sombrerito de paja es que no solo acompaña a los pequeños en sus viajes trascendentes y psicodélicos (que a veces se ponen un poco densos de más). Lo mejor de los libros, lo más divertido, es cómo Poppins les guía por Este Lado. Por la tediosa retahíla de protocolos infantiles: lavarse, vestirse, recoger, comérselo todo, no molestar a los mayores… Y lo hace sin miramientos, sin ni un poco de azúcar, con una caprichosa mezcla de rigor y permisividad, de amenaza y recompensa. En la era de la hiperpaternidad responsable es un alivio que la mágica niñera a la que todos aman haga todo lo que tú haces mal sin inmutarse.

Mary Poppins es un chamán de andar por casa, un hilarante gurú de la crianza políticamente incorrecta, que como de pasada, a empeñones para que bajen más rápido la escalera, enseña a los niños a ironizar, a guardar las apariencias y al mismo tiempo a desconfiar de ellas. Con ella aprenden a escuchar a las ancianas y a mentir a los padres, a ser educados siempre e hipócritas cuando haga falta, y a no dar explicaciones, sobre todo, de lo que no las tiene.

YO NO ESCRIBO PARA NIÑOS

En la tele Maurice Sendak,autor deDonde viven los monstruos, daba una entrevista. “Le estaban lanzando las típicas preguntas irrelevantes: ¿te gustan los niños?, ¿tienes hijos?”. P.L. Travers lo estaba viendo en su casa y comenzó a gritarle a la pantalla: “Fuiste un niño, ¡diles eso!”. Por supuesto, Sendak, tras una pausa, lo dijo. “Yo fui un niño”. La anécdota la relata P.L. Traves en una tribuna publicada en The New York Timesen 1978 titulada Nunca escribí para niños.Hasta entonces, explica la autora, había esgrimido la cita de Beatrix Potter(“Escribo para darme el gusto”) y la idea de C.S. Lewis,la literatura infantil es mala literatura. La autora de Mary Poppins siempre renegó de la etiqueta (no para ella, sino en general) y de suavizar los contenidos para el público más joven. Era una amante del folclore, la fábula y los cuentos de hadas. “Se podría decir que los cuentos de hadas son los mitos precipitándose en un tiempo y un lugar”, escribió Travers en su discurso Solo conectar(1966) para la Biblioteca del Congreso de EE UU(imposible no pensar en el descenso feérico de Poppins sobre el Londres de entreguerras): “Por ejemplo, si este vaso de agua es el mito y lo bebo, la última gota –o los posos del vino- serían el cuento de hadas. La gota está hecha de lo mismo, todo lo esencial está ahí; es pequeña pero perfecta. No está miniminazada, no está hecha para que lo niños la puedan digerir”.